CIUDAD CENTRAL
CIUDAD CENTRAL

El Mal que late

Cerró con cuidado el portón trasero del coche. No quería hacer ningún ruido. Guardó el pequeño cofre en uno de los bolsillos de su abrigo. Se colocó la capucha y se apresuró hacia el interior de la cueva.

La luz de la linterna apenas señalaba el camino, pero había estado allí antes. No se perdería. Sus pies chapoteaban en los charcos que jalonaban la senda. El destino era un pasillo sin salida, oscuro, tenebroso en una noche como aquella. Enfocó a una de las paredes y allí estaba la pequeña grieta en la piedra. Sacó el cofre y lo escondió. Suspiró. Ahora todo había acabado.

Salió corriendo de la cueva. La lluvia seguía arreciando con fuerza. En su camino al coche se tropezó y cayó al barro, golpeándose en la ceja, que comenzó a sangrar. “¡Maldición!”.

Entró en el automóvil, se miró en el espejo retrovisor y frunció el ceño. La sangre surcaba su joven rostro. Permaneció unos segundos observándose, pensativo. Después arrancó y se fue de allí… para siempre.

 
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Creado por Carlos Losada